El Amigo fiel
El Amigo fiel Así es que iba a la cabeza del cortejo con una larga capa negra y de vez en cuando se enjugaba los ojos con un gran pañuelo.
-La muerte del pequeño Hans es indudablemente una gran pérdida para todos -dijo el herrero, cuando hubo terminado el funeral y todos estaban sentados cómodamente en la taberna, bebiendo vino con especias y comiendo bollos dulces.
-Una gran pérdida al menos para mí -replicó el molinero-; ¡mira!, yo me porté tan bien con él que le ofrecí mi carretilla, y ahora realmente no sé qué hacer con ella. Me estorba en casa, y está en tal mal estado que no podría sacar nada por ella si la vendiera. Ciertamente tendré mucho cuidado en no volver a dar nada a nadie; uno siempre sufre por generoso.
-Bueno, ¿y qué más? -dijo la rata de agua, después de una larga pausa.
-Bueno, pues nada más; ese es el final -dijo el pardillo.
-Pero ¿qué fue del molinero? -preguntó la rata de agua.
-¡Oh, realmente no lo sé! -replicó el pardillo-; ni me importa, de eso estoy seguro.
-Es evidente que la simpatía no forma parte de tu carácter -dijo la rata de agua.