El Amigo fiel
El Amigo fiel -Se te puede aplicar -respondió el pardillo.
Y bajando de un vuelo a la orilla contó el cuento del Amigó Abnegado.
-Erase una vez -dijo el pardillo- un honrado hombrecillo que se llamaba Hans.
-¿Era muy distinguido? -preguntó la rata de agua. -No -respondió el pardillo-, no creo que fuera nada distinguido, excepto por su corazón bondadoso y por su divertida cara redonda rebosante de alegría. Vivía solo en una casita muy pequeña, y todos los días trabajaba en su jardín. En toda la comarca no había un jardín tan hermoso como el suyo; crecían en él minutisas y alhelíes y saxífragas y campanillas de invierno; había rosas de Damasco rojas y rosas de té amarillas, flores de azafrán color lila, y violetas de oro y púrpura, y violetas blancas. Los agavanzos y las cardaminas, las mejoranas y la albahaca, la vellorita y el iris, el narciso y el clavel doble florecían sucesivamente según pasaban los meses, reemplazando una flor a la otra, de tal modo que siempre había cosas hermosas para la vista y gratas fragancias para el olfato.
