El Crimen de lord Arthur Saville
El Crimen de lord Arthur Saville Lord Arthur se estremeció y un ligero rubor acudió a sus mejillas. Casi habÃa llegado a olvidarse del incidente y le parecÃa una coincidencia singular que Sybil, por amor a la cual habÃa vivido en tan terrible ansiedad, fuera la primera en recordárselo.
—¡Por supuesto, Sybil! Yo mismo se la regalé a Lady Clem.
—Gracias, Arthur. Y este bombón, ¿me lo das también? Ignoraba que Lady Clem fuera aficionada a las golosinas. La creÃa demasiado intelectual.
Lord Arthur se puso terriblemente pálido; una idea terrible cruzó por su imaginación.
—¿Un bombón, Sybil? ¿Qué quieres decir? —interrogó penosamente con voz ronca.
—Uno que hay aquà dentro. Parece viejo; está todo polvoriento; y la verdad es que no tengo la menor intención de comérmelo. Pero, ¿qué te pasa, Arthur? Estás muy pálido.
Lord Arthur atravesó de un salto la habitación y se apoderó de la cajita. En su interior estaba la cápsula ambarina, con la burbuja ponzoñosa. ¡Lady Clementina habÃa muerto de muerte natural!
La sacudida que le ocasionó este descubrimiento era superior a sus fuerzas. Arrojó la cápsula al fuego y se dejó caer sobre el sofá, lanzando un grito de desesperación.