El Gigante egoÃsta
El Gigante egoÃsta Pero cuando los niños le vieron se asustaron tanto que se escaparon todos corriendo, y en el jardÃn volvió a ser invierno. Sólo el niño pequeño no corrió, pues tenÃa los ojos tan llenos de lágrimas que no vio llegar al gigante. Y el gigante se acercó a él silenciosamente por detrás y le cogió con suavidad en su mano y le su-bió al árbol. Y al punto el árbol rompió en flor, y vinieron los pájaros a cantar en él; y el niño extendió sus dos brazos y rodeó con ellos el cuello del gigante, y le besó.
Y cuando vieron los otros niños que el gigante ya no era malvado, volvieron corriendo, y con ellos llegó la primavera.
-El jardÃn es vuestro ahora, niños -dijo el gigante.
Y tomó un hacha grande y derribó la tapia.
Y cuando iba la gente al mercado a las doce encontró al gigante jugando con los niños en el más bello jardÃn que habÃan visto en su vida.
Jugaron todo el dÃa, y al atardecer fueron a decir adiós al gigante.
-Pero ¿dónde está vuestro pequeño compañero -preguntó él-, el niño que subà al árbol?
Era al que más querÃa el gigante, porque le habÃa besado.
-No sabemos -respondieron los niños-; se ha ido.