El Pescador y su alma
El Pescador y su alma —Si yo lo desease, podrÃa convertir en oro las hojas del otoño, y tejer hebras de plata con los rayos de la luna. Mi amo es más rico que todos los reyes de este mundo, y gobierna en todos los dominios de la tierra.
—¿Qué te daré entonces —dijo él—, si no esperas recibir oro ni plata?
La joven bruja le acarició los cabel os con su mano blanca y fina y sonriendo, murmuró:
—Tendrás que bailar conmigo, hermoso joven.
—¿Sólo bailar contigo? —exclamó el Pescador maravil ado.
—Nada más —contesto el a— sonriendo de nuevo.
—En cuanto se ponga el sol, bailaremos juntos donde nadie nos vea, o donde quieras que lo hagamos —dijo él— y después de bailar me dirás lo que quiero saber.
El a agitó la cabeza murmurando:
—Cuando salga la luna, cuando salga la luna.
Luego observó atentamente alrededor, y atentamente escuchó. Un pájaro azul salió chil ando de su nido y se puso a describir cÃrculos sobre las dunas; y tres pájaros pardos bostezaron en medio de la hierba verde y áspera silbándose entre sÃ. No se oÃa más que el susurro de las olas arrastrando las piedras pulidas de la playa. Entonces la bruja extendió su mano, atrajo hacia sà al joven pescador y le acercó los labios al oÃdo: