El Pescador y su alma
El Pescador y su alma —Esta noche habrás de venir a la cumbre de las colinas —susurró—. Es sábado y estará Él.
El joven Pescador se estremeció. El a reÃa, mostrando sus dientes blancos.
—¿Quién va a estar al � —preguntó.
—Eso no debe importarte —repuso el a—. Ven esta noche y espérame a la sombra del espino blanco... si un perro negro te acomete, golpéalo con una rama de sauce y huirá. Y si te habla un búho, no le respondas. Cuando la luna esté en el cenit iré a buscarte y bailaremos juntos sobre la hierba.
—Pero, ¿Juras decirme qué debo hacer para desprenderme de mi alma? —preguntó el joven Pescador.
El a se puso al sol y el viento agitó sus cabel os rojos.
—Te lo juro por las pezuñas del macho cabrÃo —prometió.
—Eres la mejor de las brujas —exclamó el Pescador—, y bailaré contigo esta noche en la cumbre de las colinas... Hubiera preferido que me pidieras oro o plata, pero de todos modos el precio me conviene... es poca cosa.
Se quitó la gorra, hizo una profunda reverencia ante la mujer, y bajó corriendo de regreso al pueblo, ebrio de alegrÃa.