El Pescador y su alma
El Pescador y su alma “Los tártaros volvieron al caer la tarde; faltaban cinco de el os, y muchos de los que volvían estaban heridos. Subieron a los carros y se alejaron velozmente. Cuando salió la luna, vi los fuegos de un campamento y me dirigí hacia al á. Era una caravana de mercaderes, sentados en sus alfombras alrededor de una fogata.
“Al acercarme, su jefe se levantó, y desenvainando la espada, me preguntó qué quería.
“Repuse que en mi país yo era un príncipe, y que había huido de los tártaros que me l evaban prisionero. El jefe sonrió mostrándome cinco cabezas clavadas en varas de bambú.
“Luego me preguntó quien era el profeta de Dios, y yo le dije que Muhammad.
"Al oírme pronunciar el nombre del falso profeta, me tomó de la mano y me hizo sentar a su lado.
Un negro me trajo leche de yegua y un trozo de cordero asado.
"Continuamos el viaje a la salida del sol. Yo cabalgaba en un camel o al lado del jefe, y un esclavo corría delante de nosotros agitando una lanza. Nos seguían los hombres de armas, desplegados a uno y otro lado, y detrás las mulas con las mercancías.