El Pescador y su alma
El Pescador y su alma —El hechizo que te enseñó la bruja ya no te sirve ahora, porque ni yo puedo abandonarte, ni tú puedes desprenderte de mÃ. Sólo una vez en la vida un hombre puede separarse de su alma, pero aquel que la ha recibido de nuevo, tiene que conservarla consigo para siempre; y éste es su castigo y también su recompensa.
El joven Pescador palideció y apretó los puños, gritando:
—¡Fue una bruja malvada, porque eso no me lo dijo!
—No —repuso su alma—, el a fue fiel a Aquel a quien adora y servirá para siempre.
Cuando el joven Pescador comprendió que ya no podrÃa librarse de su alma, que ahora era un alma perversa, y que habitarÃa en él para siempre, cayó en tierra l orando amargamente.
Al amanecer, el joven Pescador se levantó y dijo a su alma:
—Amarraré mis manos para que no te obedezcan, cerraré mis labios para que no repitan tus palabras, y volveré al lugar en que vive la sirena que amo. Caminaré de nuevo hacia el mar, hacia la bahÃa donde el a canta habitualmente y la l amaré, y le contaré el mal que he hecho a otros, y el mal que tú me has hecho a mÃ.
Y su alma lo tentó, diciéndole: