El Pescador y su alma
El Pescador y su alma —¿Qué tan gran cosa es esa amada tuya, para que quieras volver con el a? Hay muchas mujeres en el mundo que son mucho más hermosas. Existen las bailarinas de Samaris, que bailan imitando a las aves y los animales, y l evan los pies teñidos de alheña, y cascabeles en las manos. El as ríen cuando bailan, y su risa es tan clara como la risa del agua. Ven conmigo y te las mostraré. Porque,
¿para qué te vas a preocupar de eso que tú crees que es pecado? ¿No fueron hechas para el goce las cosas sabrosas de comer? ¿Y acaso hay algún veneno en lo que es dulce de beber? No te perturbes más, y ven conmigo a otra ciudad. Muy cerca de aquí se encuentra una ciudad, donde hay un jardín de tulipanes poblado de pavos reales blancos y pavos reales de pecho azul. Cuando abren sus colas al sol son como discos de marfil y como discos de oro. Y la muchacha que los alimenta, baila con el os, y algunas veces baila sobre sus manos y otras veces baila sobre sus pies. Y l eva los ojos pintados con antimonio, y las aletas de su nariz tienen el delicado molde de las alas de la golondrina. De una de el as cuelga una flor tal ada en una perla. Y ríe cuando baila y los aros de plata que l eva en los tobil os tintinean como campanitas. No te mortifiques más, y acompáñame a esa ciudad.