El Pescador y su alma
El Pescador y su alma Y el os le contestaron:
—Qué flores son no podemos decirlo; pero provienen del final del Campo de los Retamos.
Entonces el cura se estremeció, atravesado de recuerdos, y volviendo a su casa se puso en oración.
Al amanecer del siguiente dÃa, salió con los monjes y los músicos, y los portadores de cirios; y los acólitos, y una gran muchedumbre. Fue caminando hasta la oril a del mar y bendijo al mar, y a todos los seres que viven en él. A los faunos también los bendijo, y a las pequeñas criaturas que danzan en la selva, y a las criaturas de ojos bril antes que espÃan a través del fol aje. A todos los seres del mundo de Dios los bendijo estremeciéndose de amor, y el pueblo estaba l eno de júbilo y asombro.
Sin embargo, desde entonces, nunca más volvieron a crecer flores en aquel rincón de los Campo de los Retamos, que volvió a quedar tan desierto como lo habÃa sido.
Tampoco volvieron a entrar los hijos del Mar en la bahÃa, como acostumbraban a hacerlo, porque se fueron a otro lugar del limpio océano.
