El Príncipe feliz
El Príncipe feliz ¡estaba llena de tantas palabras que no alcanzaban a entender! ...
-“Esta noche parto para Egip to” -dijo la golondrina, sintiéndose entusiasmada con esta perspectiva.
Visitó todos los monumentos públicos, y estuvo descansando largo rato en la cúspide del campanario.
Donde quiera que fuese, los gorriones gorjeaban y se decían unos a otros:
-“Que forastera tan distinguida”.
Y se sentía muy contenta y hala gada al oírlo.
Cuando salió la luna, voló de re greso al Príncipe Feliz.
-“¿No tienes ningún encargo para Egipto?” -le gritó-. “Ya me voy”
-“Golondrina, golondrina, golondrinita” -contestó el Príncipe-. “¿No podrías quedarte conmigo una noche más?”