El Príncipe feliz
El Príncipe feliz Voló sobre el Ghetto, y vio a los viejos judíos, negociando entre sí, y pesando el dinero en balanzas de cobre. Por fin llegó a la pobre vivienda, y miró dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camastro, y la madre se había dormido... ¡estaba tan cansada! ... Se deslizó rauda en la habitación, y depositó el gran rubí sobre la mesa, junto al dedal de la costurera. Entonces, graciosamente, revoloteó alrededor de la cama, abanicando con sus alas la frente del niñ o.
-“¡Qué fresco siento!” -exclamó el niño- “debo estar mejoran do”, y se sumergió en un sueño delicioso.
Entonces la golondrina regresó volando hacia el Príncipe Feliz, y le narró lo que había hecho. “Es cu-rioso, comentó, pero ahora me siento con bastante calor, a pesar de estar haciendo tanto frío.”
-“Es porque has realizado una buena acción” -dijo el Príncipe.
La golondrinita comenzó a re flexionar, y se quedó dormida. El pensar siempre le daba sueño.
Cuando empezaba a amanecer bajó volando al río y se bañó.
-‘¡Qué fenómeno más notable!” -dijo el profesor de ornitología, al pasar por el puente- “¡Una golondrina en invierno!”
Y escribió sobre este asunto una larga carta al periódico local. Todos la citaban y hablaron de ella,