El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray —¿Has oÃdo las noticias? —preguntó lord Henry aquella noche a Hallward cuando un camarero lo hizo entrar en el pequeño reservado del Bristol donde estaba preparada una cena para tres.
—No —respondió el artista, entregando sombrero y abrigo al camarero, quien procedió a hacerle una reverencia—. ¿De qué se trata? Nada que tenga que ver con la polÃtica, espero. No me interesa. Apenas hay una sola persona en la Cámara de los Comunes que se merezca un retrato, aunque muchos de ellos mejorarÃan blanqueándolos un poco.
—Dorian Gray se ha prometido —dijo lord Henry, examinando atentamente a su amigo mientras hablaba.
Hallward se sobresaltó y luego frunció el entrecejo.
—¡Dorian prometido! —exclamó—. ¡Imposible!
—Es absolutamente cierto.
—¿Con quién?
—Con una actricilla de poco más o menos.
—No me lo puedo creer. Dorian es demasiado sensato.
—Dorian es demasiado prudente para no hacer alguna tonterÃa de cuando en cuando, mi querido Basil.
—Casarse es una cosa que difÃcilmente se puede hacer de cuando en cuando, Harry.
