El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray Cuando estaba desayunando a la mañana siguiente, el criado hizo entrar a Basil Hallward.
—Me alegro de haberte encontrado, Dorian —dijo el pintor con entonación solemne—. Vine a verte anoche, y me dijeron que estabas en la ópera. Comprendà que no era posible. Pero siento que no dijeras adónde ibas en realidad. Pasé una velada horrible, temiendo a medias que a una primera tragedia pudiera seguirle otra. Creo que deberÃas haberme telegrafiado cuando te enteraste de lo sucedido. Lo leà casi por casualidad en la última edición del Globe, que encontré en el club. Vine aquà de inmediato, y sentà mucho no verte. No sé cómo explicarte cuánto lamento lo sucedido. Me hago cargo de lo mucho que sufres. Pero ¿dónde estabas? ¿Fuiste a ver a la madre de esa muchacha? Por un momento pensé en seguirte hasta allÃ. Daban la dirección en el periódico. Un lugar en Euston Road, ¿no es eso? Pero tuve miedo de avivar un dolor que no me era posible aliviar. ¡Pobre mujer! ¡En qué estado debe encontrarse! ¡Y su única hija! ¿Qué ha dicho sobre lo sucedido?
