El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray HabÃa, sin embargo, un punto en el que era más afortunado que el fantástico protagonista de la novela. Nunca padeció el terror, un tanto grotesco —nunca, de hecho, tuvo razón alguna para ello—, que inspiraban los espejos, las brillantes superficies de los metales y el agua inmóvil al joven parisino desde una temprana edad, terror ocasionado por la repentina desaparición de una belleza que en otro tiempo, al parecer, habÃa sido extraordinariamente llamativa. Dorian Gray solÃa leer, con un júbilo casi cruel —y quizá en casi todas las alegrÃas, como sin duda en todos los placeres, la crueldad tiene su lugar— la última parte del libro, con su relato verdaderamente trágico, aunque hasta cierto punto demasiado subrayado, del dolor y la desesperación de alguien que habÃa perdido lo que apreciaba, por encima de todo, en otras personas y en el mundo.