El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray —Dorian —exclamó Hallward—, no es ése el problema. Inglaterra no está libre de pecado, lo sé, y la sociedad inglesa tiene mucho de qué arrepentirse. Ésa es precisamente la razón de que a ti te quiera yo intachable. Pero no lo has sido. Se puede juzgar a una persona por el efecto que tiene sobre sus amigos. Los tuyos parecen perder por completo el sentimiento del honor, de la bondad, de la pureza. Lo único que les transmites es una sed desenfrenada de placer, y no, se detienen hasta llegar al fondo del abismo. Pero eres tú quien los ha llevado hasta allÃ. SÃ, has sido tú, y sin embargo aún eres capaz de sonreÃr, como lo estás haciendo ahora. Pero todavÃa hay más. Sé que Harry y tú sois inseparables. Por esa misma razón, si no por otra, no deberÃas haber permitido que su hermana se convirtiera en la comidilla de toda la ciudad.
—Cuidado, Basil. Estás yendo demasiado lejos.