El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray Sus invitados de aquella noche eran personas más bien aburridas. La verdad, le explicó la anfitriona a Dorian Gray desde detrás de un abanico bastante venido a menos, era que una de sus hijas casadas se habÃa presentado de repente para pasar una temporada con ella y, para empeorar las cosas, lo habÃa hecho acompañada por su marido.
—Creo que ha sido una crueldad por su parte, querido mÃo —le susurró—. Es cierto que yo los visito todos los veranos al regresar de Homburg, pero una anciana como yo necesita aire fresco a veces y, además, consigo despertarlos. No se puede imaginar la existencia que llevan. Vida rural en estado puro. Se levantan pronto porque tienen mucho que hacer, y también se acuestan pronto porque apenas tienen nada en qué pensar. No ha habido un escándalo por los alrededores desde los tiempos de la reina Isabel, y en consecuencia todos se quedan dormidos después de cenar. Haga el favor de no sentarse junto a ninguno de los dos. Siéntese a mi lado.