El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray Al entrar, vieron a Dorian Gray. Estaba sentado al piano, de espaldas a ellos, pasando las páginas de Las escenas del bosque, de Schumann.
—Tienes que prestármelo, Basil —exclamó—. Quiero aprendérmelas. Son encantadoras.
—Eso depende de cómo poses hoy, Dorian.
—Estoy cansado de posar, y no quiero un retrato de cuerpo entero —respondiĂł el muchacho, volviĂ©ndose sobre el taburete del piano con un gesto caprichoso y malhumorado. Al ver a lord Henry, se le colorearon las mejillas por un momento y procediĂł a levantarse—. PerdĂłname, Basil, pero no sabĂa que estuvieras acompañado.
—Te presento a lord Henry Wotton, Dorian, un viejo amigo mĂo de Oxford. Le estaba diciendo que eres un modelo muy disciplinado, y acabas de echarlo todo a perder.
—Excepto el placer de conocerlo a usted, señor Gray —dijo lord Henry, dando un paso al frente y extendiendo la mano—. Mi tĂa me ha hablado a menudo de usted. Es uno de sus preferidos y, mucho me temo, tambiĂ©n una de sus vĂctimas.
—En el momento actual estoy en la lista negra de lady Agatha —respondió Dorian con una divertida expresión de remordimiento—. Prometà ir con ella el martes a un club de Whitechapel y lo olvidé por completo. Íbamos a tocar juntos un dúo…, más bien tres, según creo. No sé qué dirá. Me da miedo ir a visitarla.
