El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray —¡Ah!, entonces tiene que ser una ilusión. Las cosas de las que uno está completamente seguro nunca son verdad. Ésa es la fatalidad de la fe y la lección del romanticismo. ¡Qué aire más solemne! No te pongas tan serio. ¿Qué tenemos tú y yo que ver con las supersticiones de nuestra época? No; nosotros hemos renunciado a creer en el alma. Toca un nocturno para mÃ, Dorian, y, mientras tocas, dime, en voz baja, cómo has hecho para conservar la juventud. Has de tener algún secreto. Sólo te llevo diez años, pero tengo arrugas y estoy gastado y amarillo. Tú eres realmente admirable, Dorian. Nunca me has parecido tan encantador como esta noche. Haces que recuerde el dÃa en que te conocÃ. Eras bastante impertinente, muy tÃmido y absolutamente extraordinario. Has cambiado, por supuesto, pero tu aspecto no. Me gustarÃa que me dijeras tu secreto. HarÃa cualquier cosa para recuperar la juventud, excepto ejercicio, levantarme pronto o ser respetable… ¡Juventud! No hay nada como la juventud. Es absurdo hablar de la ignorancia de la juventud. Las únicas personas cuyas opiniones escucho con respeto son las de personas mucho más jóvenes que yo. Parecen ir por delante de mÃ. La vida les ha revelado sus maravillas más recientes. En cuanto a las personas de edad, siempre les llevo la contraria. Lo hago por principio. Si les pides su opinión sobre algo que sucedió ayer, te dan con toda solemnidad las opiniones que corrÃan en 1820, cuando la gente llevaba medias altas, creÃa en todo y no sabÃan absolutamente nada. ¡Qué hermoso es eso que estás tocando! Me pregunto si Chopin lo escribió en Mallorca, con el mar llorando alrededor de la villa donde vivÃa, y con gotas de agua salada golpeando los cristales. ¡Maravillosamente romántico! ¡Es una bendición que todavÃa nos quede un arte no imitativo! No te detengas. Esta noche necesito música. Me pareces el joven Apolo, y yo soy Marsias, escuchándote. Tengo mis propios sufrimientos, Dorian, de los que ni siquiera tú estás enterado. La tragedia de la ancianidad no es ser viejo, sino joven. A veces me sorprende mi propia sinceridad. ¡Ah, Dorian, qué feliz eres! ¡Qué vida tan exquisita la tuya! Has bebido hasta saciarte de todos los placeres. Has saboreado las uvas más maduras. Nada se te ha ocultado. Y todo ello no ha sido para ti más que unos compases musicales. Nada te ha echado a perder. Sigues siendo el mismo.