El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray —¡Ah! Ésa es una de las ideas de Harry, ¿no es asÃ, señor Gray? Siempre oigo las ideas de Harry de labios de sus amigos. Es asà como me entero de que existen. Pero no debe usted pensar que no me gusta la buena música. La adoro, pero me da miedo. Me pone demasiado romántica. Sencillamente, venero a los pianistas; dos a la vez, en algunas ocasiones, me dice Harry. No sé qué es lo que tienen. Quizá el ser extranjeros. Todos lo son, ¿no es cierto? Incluso los que han nacido en Inglaterra se convierten en extranjeros con el tiempo, ¿no le parece? ¡Qué habilidad la suya! Y para el arte, ¡qué excelente cumplido! La hace sumamente cosmopolita, ¿verdad? ¿No ha estado usted nunca en alguna de mis fiestas, señor Gray? Tiene que venir. No puedo permitirme orquÃdeas, pero no reparo en gastos con extranjeros. ¡Hacen que la casa parezca tan pintoresca! ¡Pero aquà está Harry! Harry, vine buscándote para preguntarte algo, no recuerdo qué, y encontré al señor Gray. Hemos tenido una conversación muy agradable sobre música. Tenemos exactamente las mismas ideas. No; creo que nuestras ideas son completamente distintas. Pero ha sido la simpatÃa personificada. Y me alegro mucho de haberlo conocido.