El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray —Porque he querido a demasiadas, Dorian.
—SÃ, claro; gente horrible con el pelo teñido y el rostro pintado.
—No desprecies el pelo teñido y los rostros pintados. En ocasiones tienen un encanto extraordinario —dijo lord Henry.
—Ahora quisiera no haberte contado nada sobre Sybil Vane.
—No hubieras podido evitarlo, Dorian. A lo largo de tu vida me contarás todo lo que hagas.
—Tienes razón, Harry; creo que estás en lo cierto. No puedo dejar de contarte las cosas. Tienes una curiosa influencia sobre mÃ. Si alguna vez cometiera un delito, vendrÃa a confesártelo. Tú lo entenderÃas.
—Personas como tú, los caprichosos rayos de sol de la vida, no delinquen. Pero, de todos modos, te quedo muy agradecido por ese cumplido. Y ahora dime…, alcánzame las cerillas, como un buen chico, gracias… ¿Cuáles son tus relaciones actuales con Sybil Vane?
Dorian Gray se puso en pie de un salto, las mejillas encendidas y los ojos echando fuego.
—¡Harry! ¡Sybil Vane es sagrada!