El Retrato de mÃster W.H.
El Retrato de mÃster W.H. -Mi querido Erskine -dije, levantándome de mi asiento-, estás enteramente equivocado respecto a todo ello. Es la única clave perfecta a los Sonetos de Shakespeare que se ha hecho; está completa en todos sus detalles. Yo creo en Willie Hughes.
-No digas eso -dijo Erskine gravemente-. Creo que hay algo fatal en la idea, e, intelectualmente, no hay nada que decir en su favor. Yo he entrado a fondo en el asunto, y te aseguro que la teorÃa es enteramente falaz. Es plausible hasta cierto punto; luego, no llega más allá. ¡Por amor del cielo!, mi querido muchacho, no resucites el tema de Willie Hughes, te destrozará el corazón.
-Erskine -repliqué-, tienes el deber de entregar esa teorÃa al mundo. Si no quieres hacerlo tú, lo haré yo.
Al retenerla, estás traicionando la memoria de Cyril Graham, el más joven y el más espléndido de todos los mártires de la literatura. Te ruego que le hagas justicia. Murió por ello; no dejes que su muerte sea vana.
Erskine me miró lleno de asombro.