El secreto de la vida
El secreto de la vida En lo que respecta a la erudición, siempre resulta difícil, incluso para el más modesto de nosotros, recordar que hay quien no sabe tanto como uno mismo. Admito con franqueza que no acierto a imaginar cómo una referencia casual a Suetonio y a Petronio Árbitro puede utilizarse como prueba de un deseo de impresionar a un público iletrado e inocente. Yo diría que hasta el colegial más vulgar está totalmente familiarizado con las Vidas de los doce césares y con el Satiricón. Vidas de los doce césares, en cualquier caso, es una de las lecturas obligatorias para los estudiantes de filología clásica en Oxford que aspiran al premio extraordinario; y en cuanto al Satiricón, es popular incluso entre quienes aprueban por los pelos, aunque supongo que tendrán que leerlo traducido.