El secreto de la vida
El secreto de la vida Hace unas horas, Ernest, me preguntaste de qué servía la crítica. Ahora podrías haberme preguntado de qué sirve el pensamiento. Como ha señalado Arnold, es la crítica la que crea el ambiente intelectual de la época. Es la crítica, como espero señalar yo algún día, la que convierte a la mente en un bello instrumento. En nuestro sistema educativo hemos sobrecargado la memoria con un montón de hechos inconexos y nos hemos esforzado laboriosamente por transmitir el conocimiento que laboriosamente habíamos adquirido. Enseñamos a la gente a recordar, no a crecer. Nunca se nos ha ocurrido intentar desarrollar en la inteligencia una cualidad más sutil de aprehensión y discernimiento. Los griegos lo hicieron, y cuando entramos en contacto con el intelecto crítico griego, no podemos sino darnos cuenta de que, aunque nuestros temas son más amplios y variados que los suyos, el suyo es el único método mediante el que pueden interpretarse dichos temas. Inglaterra ha hecho una cosa: ha inventado y establecido la opinión pública, que es un intento de organizar la ignorancia de la comunidad y elevarla a la dignidad de fuerza física. Pero la sabiduría siempre se le ha ocultado. Considerada un instrumento de pensamiento, la inteligencia inglesa es tosca e inculta. Lo único que puede purificarla es el desarrollo del instinto crítico.