El secreto de la vida
El secreto de la vida Y creo que la presencia en nuestras casas de objetos nobles e imaginativos es la semilla y la preparación de dicho amor. Y no solo en lo que se refiere a esa expresión literaria directa del arte mediante la cual, a partir del frasco rojo y negro de vino o aceite, un niño griego podÃa conocer el leonino esplendor de Aquiles, la fuerza de Héctor, la belleza de Paris y el portento de Helena mucho antes de poner el pie en la concurrida plaza del mercado, o en el teatro de mármol; o mediante la cual un niño italiano del siglo XV podÃa conocer la castidad de Lucrecia y la muerte de Camila a partir de un umbral tallado o un cofre pintado. Pues el bien que obtenemos del arte no es lo que aprendemos de él, sino lo que llegamos a ser gracias a él. Su verdadera influencia estará en procurar al espÃritu ese entusiasmo que constituye el secreto del helenismo, acostumbrarlo a exigir del arte todo lo que el arte puede hacer al reorganizar los hechos de la vida: ya sea proporcionando la interpretación más espiritual de nuestros momentos más apasionados o la expresión más sensual de aquellos pensamientos más apartados de los sentidos; acostumbrándolo a amar las cosas de la imaginación por sà mismas, y a desear la belleza y la elegancia en todo. Pues quien no ama el arte por encima de todas las cosas, no ama nada, y quien no necesita del arte en todo, es que no lo necesita en nada.