El secreto de la vida
El secreto de la vida Hay dos grandes tipos de gente en el mundo, dos grandes credos, dos diferentes naturalezas: aquellos para quienes el fin de la vida es la acción y aquellos para quienes la finalidad de la vida es el pensamiento. Para estos últimos, que buscan la experiencia y no los frutos de la misma, que arden con una de las pasiones de este mundo de vivos colores, que encuentran la vida interesante no por su secreto, sino por sus situaciones, por sus pulsaciones y no por su propósito, la pasión por la belleza que engendran las artes decorativas les resultará más grata que cualquier entusiasmo político o religioso, cualquier entusiasmo por la humanidad, cualquier éxtasis o pesar amoroso. Pues el arte se revela a quien se compromete en primer lugar a no conceder sino la mayor calidad a cada momento y en virtud solo de cada momento. Así sucede con quienes consideran que la finalidad de la vida es el pensamiento. En cuanto a los otros, los que sostienen que la vida es inseparable del trabajo, este movimiento debería serles especialmente caro, pues si nuestros días son estériles sin la industria, la industria sin arte es pura barbarie.