El secreto de la vida
El secreto de la vida Entre nosotros siempre habrá carpinteros y aguadores. Después de todo, la maquinaria moderna no ha aligerado tanto la labor del hombre, pero dejemos al menos que el cubo que hay junto al pozo sea hermoso y sin duda eso aligerará la labor diaria, dejemos que la madera adopte una forma agraciada y un diseño elegante y dejará de ser una carga y se convertirá en un motivo de alegrÃa para el carpintero. Pues ¿qué es la decoración sino una expresión de la alegrÃa del trabajador en su trabajo? Y no solo alegrÃa —lo cual es sin duda una gran cosa, pero no basta—, sino la oportunidad de expresar su propia individualidad, que, al ser la esencia de la vida, es también la fuente del arte. «He intentado —recuerdo que me dijo una vez William Morris— que todos mis trabajadores sean artistas, y cuando digo artistas me refiero a hombres.» Para el trabajador, sea manual o no, el arte ya no es una túnica purpúrea tejida por un esclavo y echada sobre el cuerpo pálido de un rey leproso para ocultar y adornar el pecado de su lujuria, sino más bien la expresión noble y hermosa de una vida que tiene parte de noble y de hermosa.