El secreto de la vida
El secreto de la vida Así que hay que buscar al obrero y proporcionarle, dentro de lo posible, un ambiente adecuado, pues no debemos olvidar que la verdadera prueba y virtud de un trabajador no es su seriedad ni su industriosidad, sino su aptitud para el diseño; y que «el diseño no es el fruto de una fantasía ociosa: es el resultado estudiado de un cúmulo de observaciones y costumbres placenteras». De nada sirven todas las enseñanzas del mundo si no se rodea al trabajador de influencias felices y cosas hermosas. Es imposible que tenga ideas acertadas sobre el color si no ve sin adulterar los bellos colores de la naturaleza; es imposible que exprese actos e incidentes hermosos a menos que vea los que el mundo le aporta.
Para cultivar la compasión es preciso hallarse entre seres vivos y reparar en ellos, y para cultivar la admiración hace falta estar entre cosas bellas y contemplarlas. «El acero toledano y la seda genovesa no hicieron sino dar fuerza a la opresión y lustre al orgullo», como dice el señor Ruskin; les corresponde a ustedes crear un arte hecho por la gente para alegrar a la gente y también para deleitar el corazón de la gente, un arte que sea la expresión de su gozo vital. No hay «en la vida vulgar nada tan vil, ni tan trivial, que no pueda ennoblecerlo vuestro toque», nada hay en la vida que no pueda santificar el arte.