El secreto de la vida
El secreto de la vida CYRIL: ¡Estás escribiendo un artÃculo! No me parece muy coherente con lo que acabas de decir.
VIVIAN: ¿Y quién quiere ser coherente? Los zoquetes y los doctrinarios, los aburridos que llevan amargamente sus principios a la acción y a la reductio ad absurdum de la práctica. Yo, no. Al igual que Emerson, he grabado la palabra «Capricho» en el dintel de mi biblioteca. Además, mi artÃculo es, en realidad, una saludable y valiosa advertencia. Si me hiciesen caso, podrÃa producirse un nuevo renacimiento del arte.
CYRIL: ¿De qué trata?
VIVIAN: Pienso titularlo: «La decadencia de la mentira. Protesta».
CYRIL: ¡La mentira! CreÃa que los polÃticos se ocupaban de conservar esa tradición.