El secreto de la vida
El secreto de la vida VIVIAN: Te aseguro que no. Nunca se alzan más allá del nivel de la tergiversación y condescienden a demostrar, discutir y argumentar. ¡Qué diferencia con el temperamento del verdadero mentiroso, con sus afirmaciones francas y audaces, su soberbia irresponsabilidad, su saludable desdén natural por cualquier demostración! Al fin y al cabo, ¿qué es una buena mentira? Sencillamente la que es evidente en sí misma. Si alguien tiene tan poca imaginación que necesita aportar pruebas en defensa de una mentira, más le valdría decir la verdad de inmediato. No, los políticos no mienten. Tal vez pudiera decirse algo en favor de la abogacía. El manto del sofista ha caído sobre sus miembros. Su fingida vehemencia y su falsa retórica resultan encantadores. Pueden hacer que la peor causa parezca la mejor, como si acabaran de salir de las escuelas Leontinas y se sabe que han arrancado a jurados reticentes veredictos absolutorios para sus clientes, incluso cuando, como ocurre a menudo, eran clara e inconfundiblemente inocentes. Pero son partidarios de lo prosaico y no reparan en apelar a los precedentes. A pesar de sus logros, la verdad acaba por salir a la luz. Incluso los periódicos han degenerado. Hoy son absolutamente fiables. Se nota al recorrer sus columnas. Lo que sucede es siempre lo ilegible. Me temo que no se puede decir mucho a favor del abogado o el periodista. Además, lo que defiendo es la mentira en el arte. ¿Quieres que te lea lo que llevo escrito? Podría hacerte mucho bien.