El secreto de la vida
El secreto de la vida CYRIL: Desde luego, siempre que me des un cigarrillo. Gracias. A propósito, ¿a qué revista piensas enviarlo?
VIVIAN: A la Retrospective Review. Creo que ya te conté que los elegidos le habían dado nuevos bríos.
CYRIL: ¿Quiénes son esos elegidos?
VIVIAN: ¡Oh! Los Hedonistas Cansados, claro. Es un club al que pertenezco. Tenemos que llevar rosas marchitas en el ojal de la solapa cuando nos reunimos, y profesar una especie de culto a Domiciano. Me temo que tú no podrías ser miembro. Te gustan demasiado los placeres sencillos.
CYRIL: Supongo que me rechazarían por mis instintos animales.
VIVIAN: Probablemente. Además, eres un poco viejo. No admitimos a nadie de edad corriente.
CYRIL: Bueno, imagino que debéis de aburriros mucho mutuamente.
VIVIAN: Desde luego. Es uno de los objetivos del club. En fin, si prometes no interrumpirme demasiado, te leeré mi artículo.
CYRIL: Soy todo oídos.