El secreto de la vida
El secreto de la vida De modo que, por ajeno que pueda parecer nuestro renacimiento inglés, con su apasionado culto a la belleza pura, su inmaculada devoción a la forma y su naturaleza exclusiva y sensible, a cualquier arrebatada pasión política o a la voz áspera de la gente ruda que se alza en rebeldía, es en la Revolución francesa donde debemos buscar el factor primordial de su origen y la primera condición para su nacimiento: esa gran Revolución de la que todos somos hijos aunque las voces de algunos se alcen a menudo en su contra; una Revolución hasta la que, en una época en la que incluso espíritus como los de Coleridge y Wordsworth se amilanaban en Inglaterra, llegaron nobles mensajes de amor de allende el océano procedentes de esta joven República.