El secreto de la vida
El secreto de la vida Es cierto que nuestro sentido moderno de la continuidad histórica ha demostrado que ni en la política ni en la naturaleza hay revoluciones sino solo evoluciones, y que el preludio a esa feroz tormenta que barrió Francia en 1789 e hizo que todos los reyes de Europa temieran por sus tronos, sonó en la literatura años antes de que cayera la Bastilla y fuese tomado el Palacio. El camino a esas sangrientas escenas junto al Sena y el Loira lo empavesó el espíritu crítico de Alemania e Inglaterra, que acostumbró a los hombres a someter todo a la prueba de la razón o la utilidad, o a ambas cosas, mientras que el descontento de la gente en las calles de París fue el eco que siguió a la vida de Émile y Werther. Pues Rousseau, junto a un lago silencioso y rodeado de montañas, había llamado a la humanidad a regresar a la edad dorada que aún sigue extendiéndose ante nosotros y predicado el retorno a la naturaleza con una apasionada elocuencia cuya música todavía resuena en nuestro cortante aire norteño. Goethe y Scott habían sacado la aventura de la prisión en que había yacido tantos siglos… y ¿qué es la aventura sino la humanidad?