La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto LADY BRACKNELL.—¡Ah! Una vida colmada de incidentes, por lo que veo; aunque quizá demasiado apasionante para una muchacha tan joven. Soy enemiga de las experiencias prematuras. (Se pone en pie y observa la hora en su reloj.) ¡Gwedolen! Ya casi nos marchamos: no podemos perder ni un momento. Y, aunque sea por pura formula, señor Worthing, quisiera preguntarle si la señorita Cardew posee alguna hacienda.
JACK.—Oh! Alrededor de ciento treinta mil libras esterlinas en papel de Estado. Que Dios la acompañe, lady Bracknell. Me alegra mucho haberla saludado.
LADY BRACKNELL.—(sentándose nuevamente) PermÃtame un segundo, señor Worthing. ¡Ciento treinta mil libras! ¡Y en papel del Estado! La señorita Canievr me parece una muchacha muy seductora, ahora que la miro bien. En la actualidad, pocas muchachas tienen atributos reámeme sólidos. de esos atributos que persisten y se mejoran con el tiempo. Vivimos, siento tener que decirlo, en una época de cosas superficiales. (A Cecilia) AproxÃmese, querida. (Cecilia se acerca) ¡Hermosa muchachita! Su vestido es de una sencillez deplorable, y su cabello parece tal como lo hizo la Naturaleza. Sin embargo, podemos perfeccionarlo en seguida. Una doncella francesa, totalmente experta lograra resultados asombrosos en brevÃsimo tiempo. Recuerdo que recomendé una a la joven lady Lancing, y tres meses después no la conocÃa ni su propio marido.