La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto CECILIA.—Algy, ¿me esperarÃa hasta que cumpla yo treinta y cinco años?
ALGERNON.—Sabe perfectamente que sÃ, Cecilia.
CECILIA.—SÃ; lo sabÃa instintivamente; sin embargo, no podrÃa esperar tanto tiempo. Odio esperar a cualquiera, aunque sólo sea cinco minutos. Me enfurece. Sé que no soy puntual; pero me gusta la puntualidad en los demás, por lo tanto, no hay ni qué pensar en que yo espere, aunque sea para casarme.
ALGERNON.—Entonces ¿qué vamos a hacer, Cecilia?
CECILIA.—No lo sé, señor Moncrieff.
LADY BRACKNELL.—Mi estimado señor Worthing, como la señorita Cardew declara terminantemente que no podrÃa esperar hasta los treinta y cinco (advertencia que, lo confieso, me parece mostrar un carácter algo impaciente), yo le suplicarÃa que meditase de nuevo su determinación.
JACK.—¡Pero, mi querida lady Bracknell, si el asunto está por completo entre sus manos! En el momento en que usted dé el consentimiento para mi boda con Gwendolen, yo aprobaré gustoso el enlace de su sobrino con mi pupila.
LADY BRACKNELL.—(levantándose con altanerÃa) DebÃa usted saber perfectamente que no hay ni que pensar en su propuesta.
JACK.—Entonces, un celibato apasionado es lo que podemos esperar todos nosotros en lo futuro.