La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto CECILIA.—No más de dieciocho años; pero confieso que veinte cuando asisto a alguna velada.
LADY BRACKNELL.—Hace usted bien al realizar esa leve alteración. En verdad, una mujer jamás debe decir su edad real. Eso parece tan calculador… (Como meditando.) Dieciocho años, pero confesando veinte en las veladas. Está bien; falta poco para que llegue a la mayorÃa de edad y esté libre de las restricciones de la tutela. Asà es que no creo que el consentimiento de su tutor sea, después de todo, una cuestión de gran importancia
JACK.—Discúlpeme, lady Bracknell, que la interrumpa nuevamente; pero es necesario decirle que, según las cláusulas del testamento de su abuelo, la señorita Cardew no llegará a ser mayor de edad, legalmente, hasta los treinta y cinco años.
LADY BRACKNELL.—Eso sà me parece una seria objeción. Treinta y cinco años es una edad muy atractiva. La sociedad londinense está llena de damas de elevadÃsima casta que, por su propia elección, se han quedado en los treinta y cinco. Lady Dumbleton es un caso de éstos. Que yo sepa, ha tenido treinta y cinco años desde que cumplió los cuarenta, hace ya muchos años. No veo razón alguna para que nuestra querida Cecilia no esté más atractiva aún a la edad susodicha que lo está actualmente. Y mientras tanto, sus bienes habrán aumentado considerablemente.