La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto JACK.—Temo que no sea posible abrigar la menor duda acerca de esa aseveración. Esta tarde, durante mi ausencia temporal de aquÃ, y encontrándome en Londres para conciliar un importante asunto de Dovela, logró entrar en mi casa simulando ser mi hermano. Y al abrigo de un nombre falso se ha bebido, según acaba de notificarme mi mayordomo, toda una botella de un litro de mà Pemer-Jouet Brut, del ochenta y nueve; un vino que yo reservaba para acontecimientos especiales. Prosiguiendo con su deshonrosa impostura, ha logrado durante la tarde, enajenarme el precio de mi única pupila. Posteriormente se ha quedado a tomar el té, devorando hasta el último panecillo. Y lo que hace su comportamiento más intolerable aún es que sabÃa perfectamente desde el principio que yo no tengo ningún hermano, que no lo he tenido nunca y que no pienso tenerlo de ninguna clase. Asà se lo dije tajantemente ayer mismo por la tarde.
LADY BRACKNELL.—¡Ejem! Señor Worthing, después de madura reflexión he decidido no hacer caso en absoluto del comportamiento de mi sobrino con usted.
JACK.—Eso muestra una gran bondad en usted, lady Bracknell. Mi decisión es, sin embargo, inapelable. No daré el consentimiento.
LADY BRACKNELL.—(a Cecilia) Acérquese usted, pequeña amiga. (Cecilia se aproxima.) ¿Qué edad tiene, querida?