La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto SEÑORITA PRISM.—Lady Bracknell, acepto con vergüenza que no lo sé. ¡Qué mas quisiera yo saberlo! Los auténticos hechos del caso son éstos: La mañana del día que usted ha citado, día que permanece grabado con letras de fuego en mi mente, me dispuse, como de costumbre, a sacar al niño de paseo en su cochecillo. También llevaba un estropeado y amplio saco de viaje en el que tenía el propósito de guardar el manuscrito de una obra de ficción que había escrito durante las escasas horas de ocio de que disponía. En un momento de distracción mental que no podré perdonarme jamás, coloqué el manuscrito en el cochecillo y metí al niño en el saco de viaje.
JACK.—(que escuchaba con atención) Pero, ¿en dónde depositó usted el saco de viaje?
SEÑORITA PRISM.—Le suplico que no me lo pregunte, señor Worthing.
JACK.—Señorita Prism, éste es un asunto muy importante para mí. Insisto en saber a dónde llevó usted el saco de viaje que contenía a aquel infante.
SEÑORITA PRISM.—Lo dejé en el guardarropa de una de las estaciones de tren más grandes de Londres.
JACK.—¿A qué estación se refiere?
SEÑORITA PRISM.—(completamente angustiada) En la estación Victoria, Línea Brighton. (Se hunde en su silla.)