La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto GWENDOLEN.—Esta incertidumbre es espantosa. Ojalá que no dure.
Entra Jack con un saco de viaje de cuero negro.
JACK(abalanzándose hacía la señorita Prism).— ¿Es éste el saco de viaje, señorita Prism? Revíselo concienzudamente antes de decir una sola palabra La felicidad de más de una vida depende de su respuesta.
SEÑORITA PRISM.—(tranquilamente) Creo que es el mío. Sí, aquí está la rozadura que sufrió cuando volcó el coche en la callé de Gower en días juveniles y venturosos. Aquí en el fono está la mancha causada por la explosión de un termo para bebidas, incidente ocurrido en Leamington. Y aquí, en la cerradura, están mis iniciales. No recordaba ya que las había hecho grabar aquí por capricho. Este saco es indiscutiblemente el mío. Me alegro muchísimo hallarlo tan repentinamente. Su extravíame ha ocasionado enormes disgustos durante todos estos años.
JACK.—(con voz dramática) Señorita Prism, ha hallado algo más que ese saco de viaje. Yo era el niño que colocó dentro.
SEÑORITA PRISM.—(asombrada) ¿Usted?
JÁCK.—(estrechándola contra su pechó) ¡Sí…, madre!
SEÑORITA PRISM.—(retrocediendo con desesperado asombro) ¡Señor Worthing! ¡Nunca me he casado!