La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto JACK.—Aquà están los Anuarios militares de las últimas cuatro décadas. Estas encantadoras crónicas deberÃan haber constituido mi estudio constante. (Se lanza hacia un anaquel y arranca de él materialmente los libros.) M. Generales… Mallan, Maxbohm, Magley, ¡qué nombres más horrendos tienen!… Markby, Migsby, Mobbs, ¡Moncrieffi Teniente en mil ochocientos cuarenta. Capitán, Teniente-coronel, Coronel General en mil ochocientos sesenta y nueve, nombre de pila: Ernesto John. (Coloca el libro en su lugar con mucha serenidad y habla pausadamente.) ¿No le dije a usted siempre, Gwendolen, que mi nombre era Ernesto? Bueno, pues Ernesto soy, después de todo. Quiero decir que soy naturalmente Ernesto.
LADY BRACKNELL.—En efecto, ahora me acuerdo que el general se llamaba Ernesto. Ya sospechaba que por alguna razón muy particular me era insoportable ese nombre.
GWENDOLEN.—¡Ernesto! ¡Mi Ernesto! ¡Desde el principió advertà que no podÃas llamarte de otro modo!
JACK.—Gwendolen, para un hombre es una cosa espantosa descubrir súbitamente que durante toda su vida no ha dicho más que la verdad. ¿Puedes perdonarme?
GWENDOLEN.—Claro, porque tengo la certeza de que cambiarás.
JACK.—¡Mi amor!
CHASUBLE.—(a la señorita Prism) ¡Leticia! (La abraza.)