La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto ALGERNON.—No tengo la menor intención de hacer semejante cosa. Ya cené con ella el lunes, y para mà es suficiente cenar con los parientes una vez a la semana. Además, cuando ceno con tÃa Augusta, me tratan como aun miembro de la familia: me sientan junto a una mujer, o dos. Y para colmo ya sé junto a quién me sentarán esta noche: cerca de Mary Farquhar, que siempre flirtea con su propio marido en la mesa. Eso es sumamente desagradable, y hasta indecoroso… Y esta manera de comportarse está aumentando enormemente. En Londres es completamente escandaloso el número de señoras que coquetean con sus maridos. ¡Hace tan mal efecto!… Es, sencillamente, como lavar en público la ropa limpia. Además, ahora que eres un bunburista confirmado, quiero hablarte del bunburismo. Quiero que conozcas las reglas.
JACK.—Te equivocas, para nada soy un bunburista. Si Gwendolen me acepta, mataré a mi hermano. De hecho, le mataré de todas maneras. Cecilia ha desarrollado un enorme interés por él. Ya me ha causado muchos problemas. Asà es que voy a deshacerme de Ernesto. Y te recomiendo vivamente que hagas lo mismo con el señor…, con tu amigo inválido que tiene ese nombre tan absurdo.
ALGERNON.—Nada me obligarÃa a deshacerme de Bunbury, y si alguna vez contraes matrimonio, situación que considero extraordinariamente problemática, te alegrarás mucho cuando conozcas a Bunbury. Aquel que se case sin conocer a Bunbury se aburrirá enormemente.