La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto JACK.—Por favor, mi amigo, no digas tonterÃas. Si me caso con una muchacha tan encantadora como Gwendolen, y es la única muchacha que he visto en mi vida con la que quisiera casarme, te aseguro que no tendré necesidad de conocer a Bunbury.
ALGERNON.—Entonces querrá conocerle tu esposa. Pareces ignorar que en la vida matrimonial tres representa una compañÃa, y dos es nada.
JACK.—(sentenciosamente) Mi apreciado y joven amigo, ésa es la teorÃa que el corruptor teatro francés ha venido promoviendo en las últimas cinco décadas.
ALGERNON.—Es verdad, y la misma que el dichoso hogar inglés ha confirmado en la mitad de ese tiempo.
JACK.—¡Por Dios, no intentes ser cÃnico! Es sumamente fácil serlo.
ALGERNON.—En la actualidad, mi apreciado amigo, nada es fácil. Existe una competencia feroz para todo. (Se escucha sonar el timbre de la puerta.) ¡Ah! Quizá sea la tÃa Augusta. Sólo los familiares o los acreedores tocan el timbre de esa manera wagneriana. Ahora, si consigo entretenerla durante diez minutos, para que puedas declararle tu amor a Gwendolen, ¿podré cenar contigo esta noche en Willis?
JACK.—Creo que sÃ, si quieres.
ALGERNON.—SÃ; pero que sea en serio. Aborrezco a las personas que no actúan con seriedad cuando se trata de comidas. ¡Demuestra tal vulgaridad de su parte…!