La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto LADY BRACKNELL.—Discúlpame por haber llegado un poco tarde, Algy, pero tenÃa la obligación de ir a ver a nuestra apreciadÃsima lady Harbury. Desde que murió su pobre marido, dejé de visitarla. Jamás habÃa visto una mujer tan cambiada; parece veinte años más joven. Y ahora voy a tomar una taza de té y uno de esos exquisitos sandwiches de pepino que me prometiste.
ALGERNON.—Por supuesto, tÃa Augusta. (Se encamina hacia la mesa de té.)
LADY BRACKNELL.—¿Quieres sentarte cerca de mÃ, Gwendolen?
GWENDOLEN.—Gracias, mamá; en este lugar estoy muy cómoda.
ALGERNON.—(alzando, preocupado, la bandeja vacÃa) ¡Por Dios, Lane! ¿Por qué no preparaste los sandwiches de pepino? Te lo ordené especialmente.
LANE.—(con tono serió) Señor, esta mañana no habÃa pepinos en el mercado. Incluso fui dos veces.
ALGERNON.—¿Que no habÃa pepinos?
LANE.—Es verdad, señor, no habÃa pepinos, ni siquiera pagando al contado.
ALGERNON.—Está bien, Lane, puedes retirarte.
LANE.—Gracias, señor. (Se retira)
ALGERNON.—Me apena muchÃsimo, tÃa Augusta, pero no hubo pepinos en el mercado, ni siquiera pagando al contado.