La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto GWENDOLEN.—SÃ, pero los hombres se declaran frecuentemente, para practicar. Estoy enterada de que mi hermano Gerardo lo hace. Todas mis amigas me lo han contado. ¡Qué ojos azules más hermosos tiene usted, Ernesto! Son muy, muy azules. Ojalá que me mire usted siempre de esa manera, principalmente cuando haya personas a nuestro alrededor.
Entra lady Bracknell.
LADY BRACKNELL.—¡Levántese, señor Worthing, de esa postura semiyacente! Es muy indigna.
GWENDOLEN.—¡Mamá! (El señor Worthing intenta pararse. Ella no lo permite.) Te suplico encarecidamente que te marches. Este no es lugar para ti. Además, el señor Worthing no ha terminado todavÃa.
LADY BRACKNELL.—¿No ha terminado de qué, si tengo derecho a saberlo?
GWENDOLEN.—Soy la prometida del señor Worthing, mamá.
LADY BRACKNELL.—Disculpa, pero tú no eres la prometida de ningún hombre. Cuando te comprometas con una persona, yo, o tu padre, si su salud se lo permite, te lo comunicaremos. Un compromiso debe presentársele a una muchacha como sorpresa, agradable o desagradable, según sea el caso. Este asunto, debido a su complejidad, no deberÃa permitÃrsele arreglarlo por sà misma. Y ahora quiero que me aclare algunas dudas, señor Worthing. Mientras tanto, tú, Gwendolen, aguardarás en el carruaje.