La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto JACK.—Disfrutar del ocio.
ALGERNON.—Es sumamente fastidioso estar inactivos. De cualquier modo, no estoy dispuesto a ese penoso trabajo si no tiene algún propósito.
Entra Lane.
LANE.—¡La señorita Fairfax!
Entra Gwendolen, se retira Lane.
ALGERNON.—¡Gwendolen, a fé mÃa!
GWENDOLEN.—Algy, por favor vuélvete de espaldas. Quiero decirle algo muy personal al señor Worthing.
ALGERNON.—En verdad, Gwendolen, dudo mucho que pueda aceptar lo que me pides.
GWENDOLEN.—Algy, con frecuencia asumes una actitud rigurosamente inmoral con la vida. No eres aún lo suficientemente viejo para impedÃrmelo.
Algernon se retira hacia la chimenea.
JACK.—¡Amada mÃa!
GWENDOLEN.—Ernesto, tal vez nunca nos casemos. Por la expresión que he visto en el rostro de mi madre, temo mucho que asà sea. En la actualidad muy pocos padres hacen caso de lo que dicen los hijos. El antiguo respeto que se tenÃa a los hijos se está disipando rápidamente. Si alguna vez tuve cierta influencia en mamá, la perdà cuando yo tenÃa tres años de edad. Sin embargo, aunque pueda yo casarme con otro y casarme muchas veces, nada de lo que ella pueda hacer podrá cambiar el inquebrantable amor que te profeso.