La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto ALGERNON.—¿Y le has comentado a Gwendolen que tienes una pupila exageradamente hermosa y de sólo dieciocho años?
JACK.—Uno no puede hablar súbitamente de estas cosas a la gente. Talgo la certeza de que Gwendolen y Cecilia acabaran siendo Ãntimas amigas. Te apuesto lo que quieras a que después de media hora de conocerse se estarán llamando recÃprocamente hermanas.
ALGERNON.—Las mujeres únicamente hacen eso luego de que se han llamado un montón de cosas primero. Ahora, mà estimado amigo, si queremos tener una buena mesa en WÃllis, tenemos que ir a cambiarnos inmediatamente. ¿Sabes que son cerca de las siete?
JACK.—(con enfado) ¡Oh! Siempre son cerca de las siete.
ALGERNON.—Bueno, pero yo tengo hambre.
JACK.—No serÃa la primera vez que lo supiese.
ALGERNON.—¿Luego de cenar, a dónde iremos? ¿Al teatro?
JACK.—¡Oh, no! Me resulta enfadoso escuchar.
ALGERNON.—Está bien, iremos al club.
JACK.—Tampoco estoy de acuerdo; odio hablar.
ALGERNON.—Entonces podrÃamos dar una vuelta por el Empire a las diez.
JACK.—¡Oh, no! Me resulta intolerable mirar ciertas cosas. ¡Es tan insulso!
ALGERNON.—Bueno, entonces ¿qué propones hacer?