La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto CECILIA.—Efectivamente, él jueves cumpliremos exactamente tres meses.
ALGERNON.—Pero, ¿me podrÃas decir cómo nos hemos comprometido?
CECILIA.—Desde la primera vez que mi adorado tÃo Jack nos reveló que tenÃa un hermano menor muy cruel y perverso, tú, lógicamente, has sido el principal tema de conversación entre la señorita Prism y yo. Y, naturalmente, un hombre de quien se habla mucho resulta siempre muy atrayente. Una intuye que debe haber algo en él, después de todo. Admito que fue una estupidez de mi parte, pero me enamoré de ti, Ernesto.
ALGERNON.—¡Amada mÃa! ¿Y en qué momento comenzó realmente este noviazgo?
CECILIA.—El jueves catorce de febrero último. Fastidiada de que ignoraras por completo mi existencia, determiné finalizar el asunto de una u otra manera, y después de una prolongada lucha conmigo misma, te acepté bajo este adorado viejo árbol. Al dÃa siguiente compré este pequeño anillo con tu nombre y esta pulsera con el nudo de amantes fieles que te prometà llevar siempre.
ALGERNON.—¿Yo te lo di? Es muy bonito, ¿verdad?
CECILIA.—SÃ, tienes un gusto muy exquisito, Ernesto. Ésa es la excusa que he dado siempre a la ignominiosa vida que llevabas. Y en esta caja guardo todas tus cartas. (Se arrodilla frente a la mesa, abre la caja y muestra unas cartas atadas con una cinta azul.)