La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto ALGERNON.—No veo realmente, amada mÃa, chiquilla de mi alma, qué objeción puedes tener al nombre de Algernon. Ese nombre no es feo. En realidad, es por el contrario, un nombre aristocrático. La mitad de los muchachos que comparecen ante el Tribunal de Quiebras se llaman Algernon. Pero, en serio, Cecilia… (Aproximándose a ella.) Si me llamase Algy, ¿no podrÃas amarme?
CECILIA.—(poniéndose de pie) Tal vez te respetara, Ernesto; no obstante, temo no poder darte toda mi atención.
ALGERNON.—(tomando su sombrero) ¡Ejem! ¡Cecilia! Supongo que el párroco de aquà tiene mucha experiencia en la práctica de todas las ceremonias de la Iglesia.
CECILIA.—¡Oh, sÃ! El doctor Chasuble es sumamente culto. Jamás ha escrito un solo libro, asà que puedes imaginar cuánto sabe.
ALGERNON.—Necesito verle inmediatamente para que oficie un bautizo muy importante; quiero decir, para un asunto muy importante.
CECILIA.—¡Oh!
ALGERNON.—Me ausentaré no más de media hora.
CECILIA.—Considerando que somos novios desde el jueves catorce de febrero y que acabo de conocerle hoy, creo que serÃa muy molesto que me dejase sola por un tiempo tan prolongado como treinta minutos. ¿PodrÃas volver en veinte minutos?