La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto ALGERNON.—(caminando hacia Cecilia y arrodillándose a sus pies) ¡Cecilia, eres un ángel perfecto, inmaculado!
CECILIA.—¡Ah, qué romántico eres! (Él la besa y ella le acaricia los cabellos.) Supongo que es natural el rizado de tus cabellos, ¿verdad?
ALGERNON.—Es verdad, amada mÃa, con una pequeña ayuda de otros.
CECILIA.—Me siento muy feliz.
ALGERNON.—Cecilia, ¿nunca volverás a reñir conmigo?
CECILIA.—No creo que pueda reñir contigo ahora que te conozco en persona, Ernesto. Además, queda la cuestión del nombre, como es natural.
ALGERNON.—(nerviosamente) SÃ, claro.
CECILIA.—Mi amor, no te rÃas de mÃ, pero la verdad es que desde niña uno de mis mayores sueños fue amar a un hombre que se llamase Ernesto. (Algernon se levanta y Cecilia también.) Hay algo en ese nombre que me inspira una total confianza. Compadezco a la mujer que se haya casado con un hombre que no se llame Ernesto.
ALGERNON.—Pero, amada mÃa, ¿acaso no podrÃas amarme sime llamase de otra manera?…
CECILIA.—Pero, ¿qué nombre?
ALGERNON.—¡Oh! El que quieras. Algernon…, porejemplo…
CECILIA.—Ese nombre no me agrada.