La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto CECILIA.—Aquà está Ernesto.
ALGERNON.—(caminando directamente hacia Cecilia, sin reparar en los demás) ¡Mi amor! (Intentando besarla.)
CECILIA.—(retirándose) ¡Espera un segundo, Ernesto! ¿Puedes aclararme sà estás comprometido en matrimonio con esta joven dama?
ALGERNON.—(mirando a su alrededor) ¿Cuál señorita? ¡Por Dios! ¡Gwendolen!
CECILIA.—¡SÃ, por Dios! Gwendolen, quiero decir, con Gwendolen.
ALGERNON.—(riendo) ¡Claro que no lo estoy! ¿Quién puede haberte metido semejante idea en tu hermosa cabecita?
CECILIA.—(ofreciéndole su mejilla para que se la besé) Puedes besarme. (Algernon la besa.)
GWENDOLEN.—Ya sospechaba que debÃa de haber una mala interpretación, señorita Cardew. El caballero que le acaba de besar es mi primo, el señor Algernon Moncrieff.
CECILIA.—(separándose de Algernon) ¿Algemon Moncrieff? ¡Oh! (Las dos muchachas se dirigen la una hacia la otra y se toman mutuamente de la cintura como para protegerse.) ¿Te llamas Algernon?
ALGERNON.—Debo aceptarlo.
CECILIA.—¡Oh!
GWENDOLEN.—¿Es realmente John tu nombre?